La consolidación cierra varias deudas con un crédito nuevo, a un solo banco, con una sola fecha de pago. El concepto es bueno. El error está en mirar solo la mensualidad y olvidar el costo total.

La regla más útil

Calcula tu CAT promedio ponderado actual — cuánto te cuesta hoy, en promedio, cada peso que debes. Si la consolidación viene a un CAT menor que ese promedio y no estiras el plazo más allá de lo razonable, ganas. Si el CAT del consolidador es similar al promedio actual y solo estiras el plazo, lo que estás haciendo es financiar lo mismo más caro a largo plazo.

El caso típico que sí funciona

Tres tarjetas saturadas con saldos al 60% de CAT, más un préstamo SOFOM al 180%. Promedio ponderado: arriba del 80%. Un crédito personal bancario al 38% que liquide todo, plazo 36 meses, mensualidad menor — ahí sí ahorras mucho.

El caso que no debes hacer

Una tarjeta al 60% que pagas en 18 meses. Te la quitan con un consolidado al 36% pero a 60 meses. La mensualidad cae, sí. El total que pagas sube porque triplicaste el tiempo. La sensación de alivio es real, el ahorro no.

La trampa colateral

Las líneas de crédito que liberas (sobre todo tarjetas) quedan ahí, disponibles. Si las vuelves a usar mientras pagas el consolidado, terminas con la deuda original más el consolidado. Esto le pasa a una mayoría preocupante de la gente que consolida. Cierra al menos una tarjeta al consolidar — la que menos uses — para reducir la tentación.